Torrelló

Ver, callar y disparar

Joan Llompart Coll, alias Torrelló (Palma, 1939), fotografió Palma, sus calles y sus gentes, durante más de 60 años. De la mayoría de estas imágenes pudieron disfrutar los lectores del Diario de Mallorca, periódico para el que Torrelló trabajó toda su vida.

Ver, callar y disparar. Una porción del mundo se congela. El instante fugaz que no regresará nunca reflejado para siempre en una fotografía. La nostalgia que acompaña al momento único. Una mirada. Una intención: el foco dirigido a un grupo de niños jugando a canicas, las manos en la tierra, hincados sobre el suelo; la mirada nocturna y triste de Yoko Ono y John Lennon a la salida de los juzgados de Palma; un viejo banco de la calle con dos palomas blancas en el centro, y un hombre y una mujer en cada uno de los extremos, sin vínculo aparente; una monja en bicicleta; vendedores de pescado; aficionados del Real Mallorca en el viejo estadio Lluis Sitjar viendo al Barcelona de Diego Armando Maradona...

Detrás de cada una de estas imágenes está el autor, centrado únicamente en inmortalizar el momento, como un testigo ausente pero que a la vez sabe que está haciendo historia. Joan Llompart Coll, alias Torrelló. Ver, callar y disparar.


“Tenía 12 años y quería empezar a trabajar. Un día, paseando por la calle Colón de Palma, me fijé en dos letreros, uno en el escaparate de Casa Planas y otro en el de la Relojería Alemana. Ambos requerían los servicios de un botones. Entonces me pareció más interesante la fotografía que los relojes. Al entrar por la puerta ya me veía con una cámara en las manos, revelando un carrete... Cuando les pedí el trabajo, los dueños se rieron de mí. Aunque más tarde supe que estos mismos dueños se habían percatado de que yo era un niño listo. Así que regresé a Casa Planas con mi padre, y ese mismo día me dieron el empleo por dos pesetas semanales”.

Torrelló cuenta que siempre fue un niño inquieto y curioso, que andaba de un lado para otro, y que llegó a pasar hambre. Por aquel entonces Casa Planas tenía muchas tiendas en la ciudad. Él se encargaba de hacer los recados y de llevar los carretes revelados de una tienda a otra. En aquel tiempo empezó a tomar sus primeras fotografías. Pidió que le dejaran acceder al laboratorio de revelado para aprender e investigar ese mundo que cada vez le apasionaba más, mientras se pasaba de las 9 de la noche a las 5 de la mañana revelando imágenes.


A los 18 años dejó aquel empleo, hizo el servicio militar, disfrutó jugando al fútbol con el equipo de La Soledad, abrió sus propias tiendas de fotografía y un laboratorio, se independizó rápido, se compró un coche... Pero reconoce que nunca tuvo habilidad comercial, que nunca fue “un hombre de negocios”.

Por aquel entonces ya estaba rodado en el tema de la fotografía de bodas, bautismos y comuniones. Hasta que en 1962, a través de un amigo, empezó a colaborar en el Diario de Mallorca. En 1963 lo hicieron fijo y se retiró 40 años después, en 2003. Su imponente bigote blanco y su aire enigmático aún se recuerdan en la sala de redacción del periódico.


Palma, un altre temps. Así se titula el libro que la editorial Dolmen Books ha editado recientemente con más de 100 imágenes en blanco y negro firmadas por Torrelló, algunas de ellas tomadas con su silenciosa Leica M3 y su objetivo summicron 35mm.

“Toda fotografía que se pueda repetir hoy carece de interés. Para mí, la fotografía es haber parado el mundo, mi mundo, durante unos años que no volverán. Fotografié momentos irrepetibles de una época de Palma que ya no existe”.

Torrelló recuerda la histórica nevada de 1956 y a la gente celebrando el acontecimiento por las calles; a Kyoko, la hija de Yoko Ono, mirando al objetivo tras salir del juzgado junto a su padre; al actual Rey Felipe VI, de niño, en una emotiva imagen junto a su madre, la Reina Sofía. Ver, callar y disparar.

 “Torrelló es un invento. Yo tenía un amigo fotógrafo de apellido Torres, que no siguió con la fotografía porque empezó a trabajar en un banco. De Torres y Llompart nació Torrelló. Tengo 800 mil negativos tomados en 40 años de trabajo. Creo que el fotógrafo tiene que perseguir siempre la noticia. Esa ha sido mi idea. También he de decir que tengo muchas fotos malas. La verdad es que podría hacer un libro con todas mis fotos malas”.

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