Amparo Sard

“Quiero seguir así, sorprendiéndome poco a poco”

La artista de Son Servera reflexiona sobre el papel del espectador frente a la obra de arte. Y de cómo el artista debe encontrar los resortes para lograr emocionar al espectador, en una época tan aparentemente superficial como esta. 

Fotografía: Íñigo Vega.
Fotografía: Íñigo Vega.

Eres profesora de pintura en la Universidad de Barcelona desde hace más de 20 años, ¿cómo explicas a tus alumnos qué es el arte? 

Es complicado. A veces les digo que arte es todo lo que el artista tiene intención de que lo sea. Si yo soy un artista y digo “voy a hacer un churro y esto es arte”, en el momento en que yo tomo la decisión, entonces lo es. Luego hay muchos niveles de arte. Está el arte que te permite hacer algún tipo de reflexión porque su misión es esa. Y también hay otro tipo de arte que no tiene esa función. 


¿Crees que toda obra de arte necesita ser explicada?

Me gusta comprender las cosas, entender el mundo. Me gusta que las cosas tengan sentido. Es verdad que siempre he pensado que los artistas percibimos cosas que a lo mejor el resto de la gente no puede percibir. Creo que lo que hacemos con nuestra obra es coger un trocito del mundo que no comprendemos y que, a la hora de crear, intentamos comprender ese trocito. Es durante ese proceso de creación donde experimentamos un momento de paz y de calma, porque vamos resolviendo y encontrando sentido a la vida. 


¿Cuándo fuiste consciente de que te gustaba crear con las manos? 

Tenía seis o siete años. Mi padre tenía una colección de vinilos de jazz. Un día le cogí unos cuantos y con un trofeo que había por allí hice una especie de escultura. Pensé que esos vinilos no eran muy importantes porque estaban en una caja en un rincón, y que yo estaba haciendo algo bueno, que tenía un sentido. Pero cuando mi padre lo vio, claro, ¡no le hizo ninguna gracia! 


¿Qué sentiste cuando empezaste a perforar papeles, y por qué elegiste esta técnica? 

El papel me lo ha dado todo. Le tengo un cariño especial. Es muy curioso, pero al final la técnica se va adaptando a las necesidades expresivas que tú tienes. Los primeros agujeros que yo hacía no eran figurativos, echo la vista atrás y pienso que simplemente fue un experimento más de los que hago. Al final todo va evolucionando y se va explicando por sí solo, o tú le vas encontrando una explicación y un sentido. Los agujeros me servían para contar una determinada historia, pero ahora tienen otro significado para mí: son como una acción. Ahora el agujero es algo que conecta la parte de atrás con la parte de delante. 


¿Cuál es tu forma de trabajar? 

Soy muy exigente, eso quiere decir que todo lo que hago tiene una carga de pasado, una manera de saber hacer las cosas. Al mismo tiempo, necesito siempre evolucionar, y eso es algo que me pesa muchísimo porque es muy duro estar constantemente investigando y no haciendo veinte mil cuadros iguales. Encajar todo esto es complicado, pero de algún modo lo consigo. 


Por tu experiencia, ¿qué crees que siente el espectador ante tu obra? 

Pienso que hay tres pasos para entender mi obra. El primero es el más superficial, la técnica. Hay mucha gente que cuando se pone delante de un cuadro mío se queda un poco sorprendida por la técnica. El siguiente paso son las historias, que se va encontrando dentro de ese cuadro. Y luego está el tercer paso, que es el que a mí me interesa de verdad: el que te conecta con las emociones. Y ese tipo de emociones no necesitan una narrativa. Una rápida impresión hace que te quedes en seguida con la idea de la obra. 


Eres Doctora Cum Laude en Filosofía del Arte, ¿de qué trata tu tesis? 

Habla de hacia dónde se dirige el arte hoy en día. El título es Desmaterialización de los elementos de trascendencia en el lenguaje de las nuevas tecnologías. Trata de dónde queda la trascendencia, qué sucede cuando todo puede ser falso hoy en día. De ojos para fuera parece que todo puede ser mentira. Y aún así, ¿cómo consigue el artista transmitir algo importante, trascendente? Pues lo consigue tocando los resortes internos de las personas para que reaccionen, la parte más profunda de sus miedos. 


¿En qué estás trabajando actualmente? 

Estoy centrada en una nueva obra sobre arte visual, es una pieza flotante que solo existirá a través de las tecnologías. Sin ellas no se podrá ver. La historia que quiero contar es que todo es falso, pero si lo ves a partir del teléfono, al final se convierte en verdadero. Es un paso más en esa investigación, y yo quiero seguir así, sorprendiéndome poco a poco. 


Recientemente has viajado a la India, ¿qué has hecho y cómo ha sido tu experiencia en aquel país? 

Nos damos golpes de pecho quejándonos de todas las desgracias del planeta, pero no reaccionamos, actuamos como si se tratara de otra película de ciencia ficción que se cuela en nuestras pantallas. Hace un tiempo consideré que no bastaba con explicarlo en mi obra, había que actuar y así lo hice. El problema del plástico en la India es enorme. Por eso se me ocurrió hacer un taller con alumnos de la escuela inclusiva de Anantapur. Con una sonrisa maravillosa, sentados debajo de un árbol, fuimos recortando plásticos que luego soldamos para hacer una gran pieza. Los pequeños recortes de plástico que sobraron los utilizaré para hacer otras obras que se venderán con fines benéficos. Por supuesto he venido cambiada, en todos los sentidos, pero sobre todo con ganas de ayudar más.

Fotografía: Íñigo Vega.
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