Pasión por el ajedrez

Es una alegría que en el mundo haya todavía niños con deseos de estimular su mente frente a un tablero de ajedrez, el juego milenario que pudo haber nacido en la India en el siglo VI antes de Jesucristo y que ya es una asignatura más en 13 colegios de las islas, dentro del programa piloto El ajedrez en la escuela.

Shatranj, shatranji, chaturanga… ajedrez. Es posible, según los historiadores, que una versión parecida al ajedrez tal y como hoy lo conocemos empezara a jugarse en la India hace casi tres milenios, y que de allí se transmitiera a China, Rusia, Persia y Europa. Lo que es seguro es que a España llegó en el siglo XV, incorporando a la dama como pieza en homenaje a la reina Isabel La Católica.


No parece una cifra demasiado elevada la de 600 federados en Mallorca. 800 si ampliamos el ámbito a las Islas Baleares, donde el menorquín Paco Vallejo, que ostenta el título de Gran Maestro, es un referente internacional. 

Como también lo es Mónica Calzetta Ruiz, Gran Maestra y siete veces campeona de España. Hija de italiano y española, su amor por el ajedrez floreció a los 11 años, cuando su profesor de matemáticas en el colegio pensó que este juego podría ayudar a sus alumnos a razonar, a resolver problemas y a no angustiarse frente a los retos de sumas y restas. 

El flechazo fue definitivo. Frente a los ojos de Mónica, el tablero con cuadros de dos colores, el montoncito de piezas irregulares con diferentes formas dispuestas sobre él, todo ese mundo que simula una guerra hasta el aniquilamiento del adversario, produjo en ella una fascinación imparable que fue evolucionando hasta convertirse en el centro de su vida, como bien saben sus alumnos del Club Mallorca Isolani, en Palma.


Desde el año pasado, el ajedrez es una herramienta pedagógica en 13 colegios de Baleares, a los que poco a poco se van sumando otros dentro del programa piloto de innovación educativa El ajedrez en la escuela.

“El ajedrez fomenta muchas cualidades: la memoria, la concentración, la toma de decisiones, afecta al comportamiento por el hecho de que hay que seguir unas normas... Facilita muchas cuestiones educativas de una forma lúdica. Es decir, cuando los niños hacen ajedrez en horario lectivo lo ven como un juego, no como una asignatura. Y eso tiene sus ventajas”, afirma Carles Vich, presidente de la Federación Balear de Ajedrez.


“Hace treinta años que doy clases”, dice Mónica. “Sigo la trayectoria profesional de mis alumnos y la mayoría de ellos tienen unas vidas increíbles. Uno trabaja en la NASA, otros son ingenieros, o médicos. El ajedrez les ha ayudado mucho en su desarrollo. Todo les resulta más sencillo. El ajedrez te ayuda a no rendirte”.

Es curioso ver como hoy la tendencia está cambiando. Hace años eran los padres los que enseñaban a sus hijos a jugar, y ahora es al revés: son los niños los que arrastran a los padres para que el ajedrez se convierta en su hobbie. E incluso participan juntos en torneos en los que pueden jugar niños de 7 años con adultos de 80. “Compartir esta pasión por el ajedrez estrecha los lazos de un modo extraordinario. Incluso conozco a niños que enseñan a jugar a sus abuelos, y eso me parece algo maravilloso”, sentencia Mónica.

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