Studio Jaia

Amor a primera vista

Tras ejercer durante años como arquitecta en ciudades como Los Ángeles o Berlín, la alemana Anna Lena Kortmann decidió dejarlo todo atrás para dedicarse al tradicional encordado de sillas y muebles en Mallorca. Un arte en el que hoy es una maestra.   

Anna Lena Kortmann
Fotografía: Studio Jaia
Fotografía: Studio Jaia
Fotografía: Studio Jaia
Fotografía: Studio Jaia

Anna Lena cuenta su relato como si lo estuviera viviendo en este preciso instante: “Era el Día de Baleares. Yo estaba dando una vuelta por el Paseo Sagrera cuando, de pronto, quedé hipnotizada viendo trabajar a aquel hombre con su aguja”. El hombre al que se refiere Anna Lena se llama Guillem Monserrat, maestro artesano de encordados de sillas “capaz de hacer auténticas obras de arte con sus propias manos”, según se puede leer en su página web. “Fue un flechazo, un amor a primera vista. Mi sueño siempre había sido diseñar y producir muebles y, al observarlo, supe que quería hacer lo mismo que él. No lo dudé, me acerqué y le pregunté si me podía enseñar. Me dijo que sí”.

Desde hace un año, encordar sillas es la nueva profesión de Anna Lena, quien aprendió los secretos de Guillem dedicándole muchas horas y mucha concentración. Su estudio de patrones y cordado se llama Studio Jaia.


Si retrocedemos en el tiempo, visualizamos a Anna Lena, alemana, trabajando como arquitecta de interiores en ciudades como Los Ángeles o Berlín. Y, como muchos compatriotas suyos, pasando los veranos en Mallorca. “Mallorca también fue un amor a primera vista, la vida aquí es más tranquila que en Berlín, la mezcla de gente es apasionante. Allí casi no veía personas mayores, y el cariño que se les tiene aquí me parece maravilloso. Por eso decidí quedarme y hacer algo propio”. Desde hace cuatro años es residente en la isla.


Studio Jaia (jaia significa abuela, en catalán) crea muebles con valor tradicional. “Las manos son una extensión de mi cerebro. Las cosas se desarrollan de una forma diferente, no siempre son lo que piensas. Los proyectos cambian”, afirma quien un día se cansó de trabajar solo con ordenadores.

Aparte de los cordados también crea sus propios muebles. Le gustan las estructuras sencillas y ligeras, “la mezcla de lo puro y lo moderno. En mis creaciones hay cierta influencia japonesa, diseños simples, con detalles muy finos, o del estilo de los años 60, claros, simples y sutiles. El tejido aporta mucha calidez a esta mezcla”, dice.


Para ella su trabajo es muy espiritual. “Al tejer se necesita mucha paciencia, pero a la vez te transmite mucha paz. Es un trabajo bonito porque pones tu foco en la pieza. Cuando trabajaba como arquitecta tenía que [...]


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