Roberto Paparcone

Entre lo racional y lo irracional

La cerámica le hace libre y da sentido a su vida. A Roberto Paparcone (Nápoles, 1971) no le interesa la senda comercial de su arte, sino plasmar recuerdos y seguir contando historias.

Roberto Paparcone
Fotografía: The Apartmentman
Fotografía: The Apartmentman
Fotografía: The Apartmentman

“A menudo me paraba delante de su taller de Barcelona, y miraba a través del cristal como suelen hacerlo los niños. Nunca tuve el valor de entrar. Hasta que un día mi expareja me regaló un curso de un mes con la ceramista japonesa Misako Homma”. Así fue como empezó todo. El flechazo entre Roberto Paparcone y la cerámica fue instantáneo. Una disciplina que le permite disfrutar con lo que la arquitectura —es arquitecto de profesión— no le deja: trabajar con las manos.

De padre matemático y madre pianista, Roberto creció entre dos mundos opuestos: el racional y conservador que encarnaba su padre, y el irracional y progresista representado por su madre, la persona que siempre lo ha impulsado y ayudado en todo lo que estaba en su mano. “Mi madre es mi referente, siempre ha roto con lo establecido y es quien me ha inculcado la idea de la libertad”, afirma.


Para trabajar con la cerámica se necesitan disciplina, estilo y técnica. Antes, como diseñador, Roberto siempre dependía de otros para finalizar el trabajo que iniciaba. Pero ahora ya es independiente y todo el proceso de la pieza cerámica pasa por él: la idea, el diseño, la cocción, los colores. A pesar de ello, todavía no se considera un experto. “Hace años que trabajo en la cerámica, pero no soy ceramista. Definirme así me da mucho respeto. Para mí ceramista es Joan Pere Català Roig, que tiene un horno en su finca y le va echando leña para controlar la temperatura y conseguir el resultado que desea. Hay pocos como él. Yo solo me considero un diseñador-ceramista, nada más”, afirma.


Los veranos de su infancia en Amalfi, un pueblecito en la costa de Nápoles, en Italia, marcaron una buena parte de lo que Roberto es hoy. Su colección Amalfi evoca el aroma del mar, durante aquellos días en los que con toda la ilusión de un niño se levantaba antes del alba para salir a pescar. Es su serie más especial. “Todo el trabajo es manual, y todos los platos son diferentes. También decoro, pero no con un pincel, sino con una pera de silicona. Voy dibujando sobre el plato y, al ser de barro, ninguno sale igual”.

Khaos es su colección más personal, creada tras finalizar una profunda historia de amor. “Solté todo lo que llevaba adentro, canalizándolo a través del proceso creativo”, cuenta.


A Roberto siempre le ha entusiasmado la fase previa del proyecto. El instante inesperado en el que la idea surge, en cualquier lugar, a cualquier hora. Por eso siempre lleva una libreta encima. “Si fuera a una isla y solo pudiera llevarme un objeto, elegiría la libreta de mi abuela. A donde yo voy, ella viene conmigo. Es el objeto donde ella anotaba sus recetas, para mí representa la tradición, los recuerdos de la infancia. También simboliza el matriarcado, el hecho de decidir qué se hace, qué cambia, qué se mantiene. Cada una de estas libretas es un recuerdo. Si pierdo una, es como si perdiera una parte de mí”.

Pero Roberto no solo anota en las libretas: para él también es fundamental el mural de su taller, en el que cuelga papeles, objetos y hace anotaciones. “Cuando me siento aquí con un té o un café observo una proyección de mí mismo, una guía de lo que voy a hacer”


Además de crear piezas únicas, a Roberto le apasiona [...]


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