Sion Fullana

De Manacor a Nueva York

El fotógrafo Sion Fullana (Manacor, 1976) ha vivido diez años en Manhattan narrando con su cámara las historias de esta metrópolis.

¿Qué le llevó a vivir una década en Nueva York? Cuando con 16 años visité Nueva York por primera vez con mi familia, me prometí que algún día viviría allí. Tiempo después conocí al que hoy es mi marido, un neoyorquino que visitaba Barcelona. Eso me abrió la posibilidad de mudarme a Nueva York y cumplir mi sueño.


¿A qué se dedicaba en la Gran Manzana? Para sobrevivir en una ciudad tan demandante y carísima como Nueva York, hay que hacer lo que se pueda. Y cuando uno además es extranjero y tiene que pasar por la locura del proceso inmigratorio, con visados y sus limitaciones, aún peor. Colaboré con IB3 como corresponsal, di clases particulares de español y trabajé en alguna empresa de catering. Cuando conseguí el visado artístico ejercí como fotógrafo. Fotografié la gala teatral de estrellas de cine y tv “24 Hour Broadway Plays”, colaboré con publicaciones como Time Out New York, hice trabajos corporativos para marcas como Panasonic o Montblanc, y también he retratado bodas gay, actores, músicos, ejecutivos…


¿Por qué se define como un narrador visual? ¿Qué le gusta contar? Siempre supe que tenía la ventaja de saber contar y enmarcar una historia, porque venía de estudiar tanto periodismo como dirección de cine. En mi trabajo de foto callejera, me gusta unir mis dos vertientes: al periodista que le gusta capturar la vibración de la calle, y al cineasta que le gusta poner todos esos elementos en un encuadre o en una luz que transmita una atmósfera.


¿Qué le llevó al movimiento iPhoneography? Mi marido me regaló un iPhone de segunda generación y empecé a tomar fotos sin parar y publicarlas en plataformas como Flickr. Para el trabajo de calle, el teléfono probó ser una herramienta discreta para capturar momentos sin llamar la atención. Se me consideró uno de los iniciadores de este movimiento. Fui jurado del primer concurso internacional de fotografía móvil, EYEEM award, di charlas en la tienda Apple en Soho, hice exposiciones y salió mi nombre en el primer gran reportaje sobre iPhoneografía en la American Photo Magazine.


Ahora que ha vuelto a España, ¿qué echa de menos de allí? Sin lugar a dudas, las amistades. Nueva York es una urbe de gente que llega de otros lugares, dejando atrás a sus familias, por lo que los vínculos que se pueden llegar a establecer con tus amigos ahí son mucho más profundos.


Cuando vivía en Nueva York, ¿qué le sorprendía más al regresar a su tierra natal? Lo que no me gusta de la mentalidad española es nuestro conformismo. Cualquiera que tenga un sueño profesional o personal muchas veces dejará de perseguirlo por miedo al fracaso, porque los amigos o su propia familia le desaniman, o porque la crisis nos hace más propensos al “más vale malo conocido”. La cultura del amiguismo y el enchufe nos ha hecho temerosos. En Estados Unidos hay una cultura de la meritocracia mayor. Por otro lado, en esa ciudad en la que hay que trabajar hasta la extenuación, ver a tus amigos o conseguir una cita profesional se convertía en una cuestión de agenda. La espontaneidad mediterránea de una llamada a un amigo para decir “estoy en tu barrio, ¿tomamos un café?” lo eché de menos diez años.


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