Aina Bestard

La ilustradora y diseñadora Aina Bestard (Palma, 1981) decidió dejar su trabajo en multinacionales como Camper, Women'secret o Vialis para dedicarse a publicar libros. De su serie ¿Qué se esconde? se han vendido más de 250.000 ejemplares traducidos a 15 idiomas.

“Una vez hice un Ikigai, un test japonés que sirve para identificar tu propósito en la vida. Resultó que el mío era generar belleza para que la gente sea feliz. Me gusta, porque sé que en el fondo quiero emocionar con imágenes y que estas produzcan curiosidad o exaltación de la belleza”. Palabra de Aina Bestard.


¿Qué sientes al ver que tu serie ¿Qué se esconde? ha alcanzado unas cifras de ventas tan impactantes, y que se ha traducido a 15 idiomas?

Es muy estimulante ver que un producto tuyo llega tan lejos, comprobar la reacción de los lectores en distintos países. Por ejemplo, en Polonia ya van por la sexta edición.


¿En Polonia?

Sí, tengo una relación muy especial con ese país, de pequeña pasaba un mes del verano en Cracovia. Mi madre, que es artista, empezó a colaborar con la Bienal de Varsovia, y mi padre, que es antropólogo, hizo un proyecto de investigación. El arte popular polaco tiene muchos detalles, tramas, motivos florales y vegetales, características que he usado en mis libros.


¿Qué te llevó a dejar empresas tan reputadas como Camper, Women’secret o Vialis, y a emprender la aventura de dedicarte a la ilustración en el mundo editorial?

Fue un proceso natural. En estas empresas me dedicaba a hacer dibujos y estampados y, poco a poco, me fue atrayendo el tema de la ilustración. Hubo un momento en el que pensé que dibujar se me daba bien y que podría dedicarme a mis propios dibujos. Así que llamé a una editorial y así fue como empezó mi camino.


En tu caso, ¿tu germen creativo también está en la infancia?

De niña, en vez de jugar, dibujaba. En mi familia el dibujo siempre fue muy importante. Para mi abuelo, que se dedicaba al interiorismo, era su forma de mantenerse activo, su forma de expresión y de hacerse entender. Cada vez que veía a mi abuelo, lo primero que hacía era preguntarme qué había dibujado ese día.


¿Cómo es tu espacio de trabajo, qué ambiente necesitas?

En mi caso, la imagen bucólica del ilustrador que dibuja en paz en su estudio escuchando música clásica es mentira. Yo dibujo escuchando la radio o mirando realities en la televisión. Necesito mucho ruido. Si estoy en silencio no hago nada, soy muy caótica.


¿Y cómo es tu proceso creativo?

Primero me gusta visualizar la idea, tener las primeras conversaciones y recibir los primeros inputs, es el momento de más adrenalina. Después me siento en mi estudio a dibujar a lápiz. Con cada ilustración estoy entre 40 y 50 horas, después añado los colores en el ordenador.


Además de la serie ¿Qué se esconde? y Nacimientos bestiales, acabas de publicar Paisajes perdidos. ¿Qué pretendes transmitir con ellos?

Quiero que la gente no se quede en las primeras impresiones, sino que mire más allá de las apariencias, que se fije en el entorno y que profundice sobre las personas, las cosas y las situaciones.


¿Qué imágenes te han marcado más?

Todas las del Renacimiento, sobre todo la Venus de Botticcelli, cuando la vi le escribí un poema. Y también un Infierno de Hans Memling que vi en la ciudad de Gdansk, aunque ésta me marcó para mal, ya que da mucho miedo.


Creciste en Barcelona, hasta que a los 25 años decidiste regresar a Mallorca a conocer tus orígenes. ¿Sentiste la necesidad de volver a la isla?

Sí, necesitaba conocer y conectar con el lugar donde nací, viví un tiempo en una casa en Pina que era de mi abuelo paterno. Dejar Barcelona y llegar a Mallorca me hizo [...]


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