Abraham Calero

Un alma libre

Abraham Calero (Madrid, 1976) es un alma libre que recorre las calles de Palma buscando paredes y puertas en las que plasmar sus sueños, y también las perturbaciones que cada día le atormentan más. Creció en Madrid, estudió en Vigo, aprendió en Barcelona y ahora crea en Mallorca. Esta es su historia.

“Cuando era pequeño, escuchar el clic de la cámara de fotos de mi padre me emocionaba. Siempre que él se descuidaba, se la quitaba y jugaba con ella. En todos los recuerdos de mi infancia aquella cámara siempre está presente”, recuerda Abraham. Muchos años después, la cámara sigue siendo su fiel compañera de viaje, y la fotografía una emoción, un refugio, “el mayor de los subidones y el mayor de los temores”.


A pesar de que la fotografía era su pasión, Abraham decidió estudiar la carrera de Ciencias del Mar en Vigo. Pero tras licenciarse no encontró empleo, así que se trasladó a Barcelona y empezó a trabajar como peón de obra. “A la vez que trabajaba comencé a estudiar fotografía, y poco a poco me fueron surgiendo proyectos, hasta que me dediqué solo a ella”. Pero un día se cansó de ser mero observador y de no captar nada de lo que sentía con los encargos que le encomendaban.

Fue en aquel tiempo cuando se trasladó a Mallorca, tras una relación que le provocó más incertezas que certezas. “Un amigo me ofreció trabajar en la Fundación Cousteau como fotógrafo submarino en Cabrera, y le dije que sí. Vivir un invierno en la Colonia de Sant Jordi supuso un nuevo punto de partida para mí. Un momento para replantear y ordenar mis pensamientos y mis emociones”, confiesa.


Más tarde trabajó en el Ayuntamiento de Palma como técnico de medioambiente, combinándolo con su momento vital fotográfico, en el que dejó de ser mero observador y pasó a ser creador. “Mi punto de inflexión sucede al entender que la fotografía no es solo un lenguaje en el que decido atrapar únicamente lo que veo, sino que me apetece utilizarla como discurso para hablar con ella. Primero aprendes a hablar y, cuando sabes hablar, empiezas a decir lo que de verdad quieres”, dice Abraham. “Como fotógrafo llega un momento en el que te sientes fascinado por todo lo que ves, con un input tan grande de energía, de imagen y de belleza que, más que capturar, necesitas cultivar, empezar a crear tu propio lenguaje”.


Tras este proceso de transformación personal, un día el arte urbano llegó a la vida de Abraham. “Hace unos cuatro años Marina Molada (fotógrafa y artista) me dijo que le gustaría trabajar conmigo. Al principio no lo vi muy claro, pero tras regresar de un viaje a Senegal nos juntamos para hacer una pieza juntos en Son Gotleu y a partir de allí ya no pude dejarlo. El arte urbano me equilibra y me da muy buen rollo”.

En Abraham conviven dos mundos. “En mis proyectos personales soy muy oscuro y me quedo siempre en esa penumbra, mientras que estas piezas de la calle para mí son luz”, cuenta.


Dice que la gente es muy agradecida cuando pasa a su lado y lo ve trabajar, “algunos hasta me han llegado a traer una cerveza”. Pero lo mejor es “cuando tras un tiempo, vuelves a pasar por el lugar donde dejaste plasmada tu obra y las personas se acuerdan de ti”, dice recordando la anécdota más bonita que ha vivido con el arte urbano. “Fue en Son Gotleu, vino una mujer magrebí llorando porque desde que salió de su país no había leído nada del Corán. Estaba muy emocionada, y yo también”.


Abraham hace arte urbano porque así se siente libre. “Lo hago sin [...]


--------


Lee este reportaje completo en la revista IN PALMA 65. Y si lo deseas, suscríbete a la revista IN PALMA durante 1 año y recibe en tu casa las próximas 4 ediciones de la revista.

Image modal Image modal