La pérdida de la inocencia

Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde. Los versos de Jaime Gil de Biedma estremecen una vez más desde lo más profundo de este milagro inexplicable que somos los seres humanos y el Universo. La sensación estos días pasados y presentes es de pérdida de la inocencia. De pérdida, sobre todo. El otro día vi pasar a un viejecito por la calle, tentándose la mascarilla azul mientras arrastraba su carrito de la compra con una dignidad sobrecogedora. Y vi a aquel viejecito como un triunfo, como al héroe de la resistencia después de la más cruel de las batallas. Y quise acercarme a él y abrazarlo. Pero cuando estaba a dos metros me acordé de que ahora ya no se puede abrazar a nadie. Así que el viejecito y su dignidad se me escaparon a la vuelta de la esquina, con su silenciosa victoria a cuestas. 

Estábamos acostumbrados a tenerlo todo y nos hemos muerto de miedo pensando que de golpe podíamos quedarnos sin nada. El miedo, siempre el miedo que regresa para comprobar si todavía nos tiene bien atados en nuestra caverna interior, o si en su ausencia hemos logrado romper las cadenas y entonces es él quien se asusta y empieza a temernos a nosotros.  

A pesar de los pesares, una parte de mí echará de menos a los antiguos compañeros que hoy ya no están aquí, haciendo esta revista con nosotros. Quizás cuando seamos mayores como el viejecito del otro día pensaremos que nada tenía tanta importancia entonces. Pero no somos tan mayores y sabios todavía como para ser benévolos, y la fuerza y la furia del corazón aún se imponen en medio de esta jungla, en la que como a los antiguos gladiadores romanos se nos impulsa a matar o a morir a diario sobre la arena.

Y mientras tanto todo esto que va sucediendo es la Vida, con sus cimas y sus valles, y sus imágenes que ya no volverán. Vale la pena detenerse a pensar. A sentir y a escuchar qué es lo que nos está queriendo decir la Vida. Un hombre que tiene fe en sí mismo no necesita que los demás crean en él, dijo Miguel de Unamuno. Y a pesar de la verdad de sus palabras, a veces es inevitable (y humano) que una persona se sienta completamente sola. 

No hay nada más importante en este momento que estar vivos, respirando este aire, nadando en este mar, contemplando estas estrellas. Todo lo demás carece de importancia y además siempre tiene solución. Por eso, en el fondo, somos tan afortunados.

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