Arquitectura que emociona

Paloma Hernaiz y Jaime Oliver están al frente de OHLAB, un laboratorio de arquitectura e interiorismo que apuesta por la investigación, el diseño y la creatividad sostenible, alejado de los tópicos y las ideas preconcebidas. 

Can Bordoy Hotel, Palma.
Can Bordoy Hotel, Palma.
Casa MM, Palma.
Relojería Alemana, Palma.
Casa MM, Palma.
In-sight Concept Store, Miami.
Can Bordoy Hotel, Palma.
Clínica Emardental, Palma.

¿Siempre quisisteis ser arquitectos?

P.H. Cuando yo era pequeña, al regresar de jugar en casa de mis amigas, le decía a mi madre “hoy he estado con tal amiga, mira, te voy a dibujar su casa”. Era algo que me atraía muchísimo hacer.

J.O. A mí de pequeño me gustaba crear cosas nuevas. Quería ser inventor, como Ungenio Tarconi, el inventor más famoso de Patolandia y amigo del Pato Donald (personaje de dibujos animados de Walt Disney).


Os conocisteis cursando un máster en diseño avanzado en la Universidad de Columbia, en Nueva York.

J.O. Sí, era un máster en el que se potenciaba viajar, conocer la arquitectura de otras partes. Nos dieron una beca para ir a Brasil, donde conocimos al famoso arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, ¡fue una pasada! Y luego nos dieron otra ayuda que nos permitió viajar por veinte ciudades del sudeste asiático. Eso definió la siguiente etapa de nuestra trayectoria...


Sí, porque el viaje por Asia terminó, pero vosotros no regresasteis a Nueva York. ¿Qué sucedió?

J.O. La última parada era Shanghái, y de ahí se suponía que volvíamos a Nueva York. Pero nos ofrecieron un trabajo y dijimos, ¿y si perdemos el vuelo y nos quedamos aquí? Así que nos quedamos a vivir unos cuantos años en China.

P.H. Recuerdo que en una semana ya teníamos casa y trabajo. Con una única mochila como equipaje nos sobraba espacio por todos lados, ¡y eso que la casa donde nos instalamos era diminuta!


¿Qué es lo que os marcó más de esta etapa en la China preolímpica?

J.O. Trabajar en OMA, el estudio de Rem Koolhaas. Para nuestra generación, Koolhaas es una referencia y uno de los arquitectos más influyentes. Un tío muy teórico y divulgativo que tiene una manera de explicar y de contar la arquitectura muy particular.


Tú, Jaime, eres mallorquín. ¿Convenciste a Paloma para venir a la isla después de vuestro periplo asiático?

J.O. Todo lo contrario. A la isla veníamos a veranear de vez en cuando, y a realizar algunos proyectos. A Paloma le encantaba Mallorca, pero yo no tenía ninguna prisa por volver.

P.H. Fue muy circunstancial. Ya en China empezamos a plantearnos la posibilidad de montar una oficina, nos divertíamos mucho trabajando juntos. Recuerdo que, tras pasar algunos fines de semana en Mallorca, regresaba en el vuelo a Madrid pensando "qué rabia, con lo bien que se está en Palma”. 


¿Cuál es la raíz de OHLAB?

P.H. Reivindicar las emociones de la arquitectura. Siempre digo que parece que hay muchos edificios y poca arquitectura. Queremos provocar algo, que se genere una emoción. Pensamos cada proyecto como algo único. Nos gusta tratar de entender el edificio desde el interior. El programa, las necesidades, para quién es, dónde está situado.

J.O. Con el “OH” de nuestro nombre queremos resaltar los momentos de emoción y de sorpresa frente a una cosa muy teórica. Además, son las iniciales de nuestros apellidos, Oliver y Hernaiz. Intentamos no fijarnos un estilo, porque el estilo al final es una manera de atajar la creatividad y de generar ideas previamente preestablecidas.


¿“LAB” hace referencia a un laboratorio?

P.H. Sí, a un laboratorio de ideas en constante búsqueda e investigación. Prueba y error. Nos gusta mucho funcionar en la oficina como un taller. Cuando hay una propuesta de un encargo, adaptamos como una especie de mini concurso en la oficina. Siempre salen un montón de ideas y todo el mundo piensa y opina. Para nada somos como el típico arquitecto que tiene una idea y te la dibuja en una servilleta. Nosotros, al final, guiamos, orientamos y vamos organizando el trabajo, pero es un trabajo en el que todo el equipo desarrolla un papel muy importante.


Habéis ganado 21 premios internacionales con la reforma integral del hotel Can Bordoy, en Palma. ¿Qué tiene de especial para vosotros este proyecto?

J.O. Somos un estudio pequeño y este fue el primer hotel que hicimos íntegramente: arquitectura, estructura e instalaciones. Nos emocionó mucho cuando vimos el edificio del siglo XVI por primera vez, es precioso. Lo encontramos en ese estado de decadencia que siempre genera cierta emoción. Para nosotros fue muy importante mantener esa mezcla de eclecticismo y estado de abandono. Al final logramos que se vea moderno y contemporáneo, dejando lo antiguo tal y como estaba, con esa patina de polvillo, sin pintar, con la pared desconchada y grietas a la vista.


Estáis construyendo en el Paseo Mallorca de Palma, un edificio residencial siguiendo criterios de Passive House.

J.O. Será el edificio Passive House (o “casa pasiva”) más alto de Baleares. Este estándar de construcción hace que cada casa tenga un consumo de menos de 15 kW/m2 por año, cuando habitualmente una casa unifamiliar consume 100 kW o más. Este proyecto es una apuesta muy importante no solo por la eficiencia energética, sino por la repercusión que pueda tener en otras promociones.

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