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Tu guía de Mallorca

Lunes, 18 de Noviembre de 2019

Palma de Mallorca es una ciudad con una historia riquísima, con visibles vestigios de las épocas islámica y romana. El casco antiguo, con sus silenciosos callejones en sombra y sus comercios centenarios, contrasta de manera natural y hermosa con el ritmo de una ciudad mediterránea, cosmopolita y viva, amada por sus residentes e inolvidable para quien llega a visitarla.

Mañana

Si vamos a pasar un solo día en Palma, conviene que lo aprovechemos desde primerísima hora desayunando en el original C’an Joan de S’Aigua de la calle Sans, 10. Este establecimiento, fundado en el año 1700, es un gran clásico de la ciudad, y además de sus ensaimadas y cuartos, ofrece a todas horas unos helados artesanos exquisitos. Ubicado en Sa Gerreria, al salir nos permite dar un paseo por este barrio y sus estrechas calles de piedra, en las que de pronto somos sorprendidos por un clásico patio mallorquín, un antiguo palacete o un antiguo comercio de los de toda la vida.

El paseo nos llevará hasta la Plaza de Santa Eulália, con su majestuosa iglesia (Palma de Mallorca es una ciudad de iglesias), y a 30 metros de ella, la Plaza de Cort, una de las más emblemáticas de la ciudad y en la que se encuentran las dependencias del Ayuntamiento, además de un espectacular olivo milenario, sin duda el más fotografiado de toda Mallorca.

Siguiendo por la calle Palau Reial, pasaremos frente a lo que fue el antiguo Círculo Mallorquín, un impresionante edificio que albergó los bailes y fiestas de la nobleza palmesana durante la primera mitad del siglo XX, y que hoy es sede del Parlamento balear.

Pegado a este edificio, podemos observar el Palau March, la que fuera residencia del que un día fue el hombre más rico del mundo, Juan March Ordinas, empresario y financiero, y que hoy puede visitarse.

Desde aquí, si alzamos la vista, nos encontramos ya con las dos grandes construcciones históricas por excelencia de la ciudad: la Catedral de Palma de Mallorca y el Palacio de la Almudaina.

La Catedral de Palma se empezó a construir el año de 1229, tras la conquista de la isla por parte del rey Jaime I de Aragón, sobre la antigua mezquita de Medina Mayurca y en honor a Santa María, quien les había salvado de un naufragio causado por el temporal de camino a Mallorca. De estilo gótico, tardó casi 400 años en finalizarse.

En cuanto al Palacio de la Almudaina, antiguo Alcázar reedificado el año 1309 por el rey Jaime II, ha sido sede de los monarcas del Reino de Mallorca, la Corona de Aragón y de España, sucesivamente. Hoy los reyes siguen celebrando audiencias en su interior cuando se encuentran de visita oficial a la isla.

A los pies del Palacio de la Almudaina, y tras divisar desde sus murallas toda la Bahía de Palma, bajaremos atravesando los Jardines del Rey, hasta desembocar en el paseo más mítico de la ciudad, el Paseo del Borne. Flanqueado por sus centenarios y altísimos plateros, por el Borne, entre las plazas Rey Juan Carlos I (más conocida como Plaza de las Tortugas) y la plaza Reina María Cristina) se ha desarrollado la vida de la ciudad durante los últimos dos siglos. Además, el Paseo del Borne alberga hoy algunas de las tiendas más exclusivas de Palma de Mallorca: Louis Vuitton, Carolina Herrera, Hugo Boss, Relojería Alemana, Tous

En la Plaza de las Tortugas, el Bar Bosch es el lugar ideal para hacer un alto en el camino y sentarnos a merendar en su concurrida terraza, de una “langosta” (el típico pan mallorquín, el llonguet, caliente, con tomate restregado y queso).

Mediodía

Una vez repuestas las fuerzas, continuaremos con el paseo por la Calle Unión y la Plaza Weyler o Plaza del Mercado, antiguo mercado de los judíos durante los siglos XV y XVI, zona hoy de tiendas, cafés y restaurantes. Desde allí desembocaremos a la Plaza Mayor, y desde ella enfilaremos la Calle San Miguel, estrecha y bulliciosa calle peatonal con un gran número de tiendas de moda. En la calle San Miguel vale la pena detenerse en la Fundación March, uno de los mejores museos de la ciudad; en la Iglesia de San Miguel, de las más antiguas de Palma; y en el Mercado del Olivar, el principal de la ciudad, con sus puestos tradicionales de carne, pesado, verduras y frutas de toda la vida, conviviendo con los cafés de toda la vida y los puestecitos de degustación de ostras, mariscos y sushi que se han puesto muy de moda.

Al salir del Mercado del Olivar bajaremos por la calle Olmos, peatonal pero sin mucha historia, dada la baja calidad de sus comercios, desembocaremos en La Rambla y sus puestecitos de flores y, callejeando (ver mapa) saldremos a la calle Jaime III, la principal calle de tiendas de Palma, hoy un tanto “amenazada” por el cercano Paseo del Borne. Loewe, Cartier, Mascaró, Camper, Lottusse y hasta uno de los dos El Corte Inglés de la ciudad tienen su sede en esta calle.

Cruzando Sa Riera, el cauce del antiguo río que atraviesa parte de la ciudad, desembocaremos en uno de los barrios más característicos de Palma: el barrio de Santa Catalina. Casi cualquiera de los restaurantes de la amplia y peatonal calle Fábrica (ver antes la carta) puede ser una buena opción para comer, preferiblemente en sus terrazas.

Tarde

Después de la sobremesa, y tras callejear un poco por las calles llenas de bohemia de Santa Catalina, puede resultar un paseo de lo más placentero bajar hasta el Paseo Marítimo, y dar una vuelta entre las barcas de pescadores y yates recreativos.

Sin alejarnos demasiado, pero subiendo de nuevo por la Avenida Argentina, Es Baluard Museo de Arte Moderno y Contemporáneo nos aguarda con una interesante colección permanente (obras de Picasso, Miró, Barceló, etc.), mostradas adentro de un recinto, la vieja muralla de Palma, que ya es de por sí una obra de arte.

Al salir de Es Baluard, podemos callejear por el Barrio de Sant Pere, antiguo barrio con casas de pescadores, del que aún se puede rescatar su viejo aroma. Desde la parte baja, la Plaza Atarazanas, daremos un relajado paseo por el Paseo de Sagrera, frente a las barcas de pescadores, hasta dar en otro de los barrios típicos de Palma, el de La Lonja. De hecho, el barrio toma nombre del edificio de La Lonja, una impresionante construcción gótica construida por Guillermo Sagrera entre 1420 y 1452. En esta antigua sede del Colegio de Mercaderes se celebran hoy, temporalmente, exposiciones de arte.

Noche

Dar un paseo ya al anochecer por las callejuelas de La Lonja es del todo recomendable, antes de entrar a cenar en alguno de los múltiples restaurantes de la zona, entre los que recomendamos el Forn de Sant Joan, el KOA y el Neo Cultural.

Y si después de cenar aún quedan fuerzas para seguir la noche, una buena opción es visitar alguna de las coctelerías de la ciudad, entre las que recomendamos el Brass Club, el Gibson, el Ginbo o el Atlántico, y también el Blue Jazz, para escuchar música en vivo, en el ático del Hotel Saratoga.

Para bailar hasta la madrugada, Pacha, Tito’s o Garito Café, en el Paseo Marítimo, son las opciones más recomendables.