Usamos cookies para ofrecer nuestros servicios, optimizar la experiencia de uso de nuestra web y analizar los hábitos de navegación de nuestros usuarios con fines de mejora y personalización de nuestros contenidos y publicidad. Puede desactivar las cookies. Al seguir navegando sin hacerlo, autoriza el uso de las mismas. Más información sobre las cookies aquí

Tu guía de Mallorca

Martes, 11 de Diciembre de 2018

Sí sólo vamos a disponer de tres días para conocer Mallorca, no hay que perder tiempo y aprovechar al máximo la estancia. Estas son nuestras propuestas.

VERANO

DÍA 1. PLAYAS DE SANTANYÍ

En el término municipal de Santanyí existen algunas de las mejores playas de la isla. Es por ello que necesitaremos varios días para conocerlas a todas. Nosotros recomendamos como imprescindible Es Caló des Moro (ver Top 10 playas). También S'Amarador, junto al Parque Natural de Mondragó (ver Top 10 playas). Cala Mondragó, Cala Llombards o Cala Santanyí son otras playas fantásticas que se encuentran a pocos minutos en coche unas de otras.

Al ser todas ellas playas vírgenes o casi vírgenes, conviene ir con todos los pertrechos necesarios para pasar el día (comida, bebida, protección solar, sombrillas, etc.).

De noche puede resultar una buena idea dar un paseo por el pueblo de Santanyí, que si bien no es el más pintoresco de la isla, sí se ha ido poniendo muy de moda en los últimos años con la apertura de varios restaurantes de gran calidad, como Es Coc o Es Cantonet, centros de arte y tiendas de todo tipo.

DÍA 2. FORMENTOR – PUERTO POLLENÇA

La Playa de Formentor, en el punto más al noroeste de Mallorca, es otras de las playas más espectaculares de la isla. Junto a un extenso pinar, se trata de otro lugar perfecto para pasar el día entero. Pasear por su larga orilla nos llevará hasta el mítico Hotel Formentor, (hoy gestionado por la cadena hotelera Barceló), construido en 1929 y tempo del arte y la cultura mundial a través de las décadas. Para pasar el día conviene que nos llevemos comida y nevera con bebidas, pues los establecimientos de alrededor no son nada del otro mundo.

A media tarde, es una buena idea coger el coche y conducir 10 minutos hasta el Faro de Formentor, uno de los más bellos de Mallorca. Las vistas desde él son inolvidables.

Ya al anochecer, el cercano Puerto de Pollença es una inmejorable apuesta para disfrutar de un inolvidable paseo y una cena al aire libre. El Iru, el clásico Celler La Parra, el Brisas o el restaurante del Real Club Náutico Port de Pollença son lugares en los que comer bien y pasar una noche muy agradable.

DÍA 3. PLAYA DE MURO – ALCÚDIA – PUERTO DE ALCÚDIA

Regresamos al norte de Mallorca, para pasar el día en una playa espectacular: La Playa de Muro. Con más de 5 kilómetros de costa, destaca la zona de Es Comú de Muro, una playa virgen que forma parte del Parque Natural de s'Albufera (ver Un Paraíso Natural). Si vamos a esta zona en concreto, conviene llevarse todos los pertrechos necesarios para pasar el día (comida, bebida, protección solar, sombrilla, etc.). Si nos decidimos por otra de las zonas de la Playa de Muro, a escasos metros encontraremos un gran número de chiringuitos y restaurantes, algunos de ellos enclavados en los hoteles de la zona.

Por la tarde, después de un último y refrescante baño, es un buen plan acercarse hasta la ciudad amurallada de Alcúdia y recorrer su casco antiguo peatonal, con múltiples referencias históricas de las épocas romana y medieval.

Acercarse por la noche hasta el Puerto de Alcúdia a dar un paseo y cenar es una sabia decisión. Restaurantes como el Jardín, con una estrella Michelin, el Miramar o el Bellavista son apuestas seguras para disfrutar de una gastronomía fresca y sabrosa. Discotecas como Menta o Magic son opciones más que prometedoras para los que quieran entrar en la madrugada bailando y tomando copas.

PRIMAVERA, OTOÑO, INVIERNO

DÍA 1. VALLDEMOSSA – DEIÀ – ESPORLES

Qué mejor que empezar por visitar la zona más hermosa de toda Mallorca: la Serra de Tramuntana, tanto o más bella en invierno que en verano. Al llegar a Valldemossa, el primero de los pueblos que visitaremos, el aroma a humo de las chimeneas, que emana de las viejas casas de piedra en medio de una explosión de naturaleza sin igual, nos sumerge en un mundo antiguo, de desbordante belleza y magia. Desayunar o merendar de una coca de patata con chocolate caliente en Ca'n Molinas es casi una obligación. Después recorremos sus milenarias calles de piedra hasta llegar a la Cartuja, famosa por la estancia en ella, en 1838, del compositor Frederic Chopin y su esposa George Sand.

Tras este paseo, cogeremos el coche y disfrutaremos de las maravillosas vistas en el camino hasta Deià. Vale la pena hacer un alto en el Mirador de Na Foradada, junto a la casa de Son Marroig, que pertenceció al Archiduque Luis Salvador, una de las personalidades más influyentes de la isla entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Después de haber comido en alguno de los pintorescos restaurantes de Deià, al calor de la chimenea, vale mucho la pena dar una vuelta por el pueblecito y, callejeando entre casas centenarias, llegar a su recogido y ciertamente artístico cementerio, en la parte más alta, y en el que están enterrados aristócratas y artistas de varias naciones, como es el caso del escritor Robert Graves. Tranquilamente, recomendamos a media tarde llegar hasta el pueblo de Esporles, uno de los más pintorescos de toda Mallorca. Cenar en su Paseo central, en uno de sus varios cafés como Es Brollador o Es Passeig, de un clásico pa amb oli o tapas caseras variadas, resulta una experiencia de lo más agradable antes de retirarse a descansar para el día siguiente.

DÍA 2. TREN DE SÓLLER – SÓLLER – PUERTO DE SÓLLER

Dejamos aparcado el coche por un día para realizar una de las excursiones más clásicas de Mallorca: Palma-Sóller, a bordo del mítico tren de madera que data de 1912 (consultar horarios). El recorrido, de una hora de duración, permite disfrutar al viajero de bellísimas estampas de la Serra de Tramuntana, a medida que nos aproximamos a Sóller. Vale la pena recorrer el pueblo, de marcada influencia francesa debido a sus rutas marítimas ya establecidas en el siglo XIX, descubriendo los interminables secretos y maravillas que se ocultan tras cada esquina, destacando su plaza central y su iglesia de San Bartolomé, construida hacia el año 1236.

Desde el centro de Sóller proseguiremos camino, alrededor del mediodía, hasta el Puerto de Sóller, a bordo del mítico tranvía naranja (consultar horarios). El Puerto de Sóller fue uno de los principales centros de comercio marítimo entre Mallorca, España y Francia en los pasados siglos. En la zona existen varios restaurantes de gran calidad, como Es Canyís o el Randemar para comer una buena paella y pescado fresco, o alguna de las pequeñas tabernas cercanas a la lonja para comer tapas clásicas (calamar a la romana, pica pica, pulpo asado, pescadito frito, tortilla española, etc.).

Conviene consultar los horarios tanto del Tren de Sóller como del Tranvía.

DÍA 3. PALMA DE MALLORCA

Mañana

Si vamos a pasar un solo día en Palma, conviene que lo aprovechemos desde primerísima hora desayunando en el original C'an Joan de S'Aiguade la calle Sans, 10. Este establecimiento, fundado en el año 1700, es una gran clásico de la ciudad, y además de sus ensaimadas y cuartos, ofrece a todas horas unos helados artesanos exquisitos. Ubicado Sa Gerreria, al salir nos permite dar un paseo por este barrio y sus estrechas calles de piedra, en las que de pronto somos sorprendidos por un clásico patio mallorquín, un antiguo palacete o un antiguo comercio de los de toda la vida.

El paseo nos llevará hasta la Plaza de Santa Eulália, con su majestuosa iglesia (Palma de Mallorca es una ciudad de iglesias), y a 30 metros de ella, la Plaza de Cort, una de las más emblemáticas de la ciudad y en la que se encuentran las dependencias del Ayuntamiento, además de un espectacular olivo milenario, sin duda el más fotografiado de toda Mallorca

Siguiendo por la calle Palau Reial, pasaremos frente a lo que fue el antiguo Círculo Mallorquín, un impresionante edificio que albergó los bailes y fiestas de la nobleza palmesana durante la primera mitad del siglo XX, y que hoy es sede del Parlamento balear.

Pegado a este edificio, podemos observar el Palau March, la que fuera residencia del que un día fue el hombre más rico del mundo, Juan March Ordinas, empresario y financiero, y que hoy puede visitarse.

Desde aquí, si alzamos la vista, nos encontramos ya con las dos grandes construcciones históricas por excelencia de la ciudad: la Catedral de Palma de Mallorca y el Palacio de la Almudaina.

La Catedral de Palma se empezó a construir el año de 1229, tras la conquista de la isla por parte del rey Jaime I de Aragón, sobre la antigua mezquita de Medina Mayurca y en honor a Santa María, quien les había salvado de un naufragio causado por el temporal de camino a Mallorca. De estilo gótico, tardó casi 400 años en finalizarse.

En cuanto al Palacio de la Almudaina, antiguo Alcázar reedificado el año 1309 por el rey Jaime II, ha sido sede de los monarcas del Reino de Mallorca, la Corona de Aragón y de España, sucesivamente. Hoy los reyes siguen celebrando audiencias en su interior cuando se encuentran de visita oficial a la isla.

A los pies del Palacio de la Almudaina, y tras divisar desde sus murallas toda la Bahía de Palma, bajaremos atravesando los Jardines del Rey, hasta desembocar en el paseo más mítico de la ciudad, el Paseo del Borne. Flanqueado por sus centenarios y altísimos plateros, por el Borne, entre las plazas Rey Juan Carlos I (más conocida como Plaza de las Tortugas) y la plaza Reina María Cristina) se ha desarrollado la vida de la ciudad durante los últimos dos siglos. Además, el Paseo del Borne alberga hoy algunas de las tiendas más exclusivas de Palma de Mallorca: Louis Vuitton, Carolina Herrera, Hugo Boss, Relojería Alemana, Tous

En la Plaza de las Tortugas, el Bar Bosch es el lugar ideal para hacer un alto en el camino y sentarnos a merendar en su concurrida terraza, de una "langosta" (el típico pan mallorquín, el llonguet, caliente, con tomate restregado y queso).

Mediodía

Una vez repuestas las fuerzas, continuaremos con el paseo por la Calle Unión y la Plaza Weyler o Plaza del Mercado, antiguo mercado de los judíos durante los siglos XV y XVI, zona hoy de tiendas, cafés y restaurantes. Desde allí desembocaremos a la Plaza Mayor, y desde ella enfilaremos la Calle San Miguel, estrecha y bulliciosa calle peatonal con un gran número de tiendas de moda. En la calle San Miguel vale la pena detenerse en la Fundación March, uno de los mejores museos de la ciudad; en la Iglesia de San Miguel, de las más antiguas de Palma; y en el Mercado del Olivar, el principal de la ciudad, con sus puestos tradicionales de carne, pesado, verduras y frutas de toda la vida, conviviendo con los cafés de toda la vida y los puestecitos de degustación de ostras, mariscos y sushi que se han puesto muy de moda.

Al salir del Mercado del Olivar bajaremos por la calle Olmos, peatonal pero sin mucha historia, dada la baja calidad de sus comercios, desembocaremos en La Rambla y sus puestecitos de flores y, callejeando (ver mapa) saldremos a la calle Jaime III, la principal calle de tiendas de Palma, hoy un tanto "amenazada" por el cercano Paseo del Borne. Loewe, Cartier, Mascaró, Camper, Lottusse y hasta uno de los dos El Corte Inglés de la ciudad tienen su sede en esta calle.

Cruzando Sa Riera, el cauce del antiguo río que atraviesa parte de la ciudad, desembocaremos en uno de los barrios más característicos de Palma: el barrio de Santa Catalina. Casi cualquiera de los restaurantes de la amplia y peatonal calle Fábrica (ver antes la carta) puede ser una buena opción para comer, preferiblemente en sus terrazas.

Tarde

Después de la sobremesa, y tras callejear un poco por las calles llenas de bohemia de Santa Catalina, puede resultar un paseo de lo más placentero bajar hasta el Paseo Marítimo, y dar una vuelta entre las barcas de pescadores y yates recreativos.

Sin alejarnos demasiado, pero subiendo de nuevo por la Avenida Argentina, Es Baluard Museo de Arte Moderno y Contemporáneo nos aguarda con una interesante colección permanente (obras de Picasso, Miró, Barceló, etc.), mostradas adentro de un recinto, la vieja muralla de Palma, que ya es de por sí una obra de arte.

Al salir de Es Baluard, podemos callejear por el Barrio de Sant Pere, antiguo barrio con casas de pescadores, del que aún se puede rescatar su viejo aroma. Desde la parte baja, la Plaza Atarazanas, daremos un relajado paseo por el Paseo de Sagrera, frente a las barcas de pescadores, hasta dar en otro de los barrios típicos de Palma, el de La Lonja. De hecho, el barrio toma nombre del edificio de La Lonja, una impresionante construcción gótica construida por Guillermo Sagrera entre 1420 y 1452. En esta antigua sede del Colegio de Mercaderes se celebran hoy, temporalmente, exposiciones de arte.

Noche

Dar un paseo ya al anochecer por las callejuelas de La Lonja es del todo recomendable, antes de entrar a cenar en alguno de los múltiples restaurantes de la zona, entre los que recomendamos el Forn de Sant Joan, el KOA y el Neo Cultural.

Y si después de cenar aún quedan fuerzas para seguir la noche, una buena opción es visitar alguna de las coctelerías de la ciudad, entre las que recomendamos el Brass Club, el Gibson, el Ginbo o el Atlántico, y también el Blue Jazz, para escuchar música en vivo, en el ático del Hotel Saratoga.

Para bailar hasta la madrugada, Pacha, Tito's o Garito Café, en el Paseo Marítimo, son las opciones más recomendables.